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Un homenaje a las mareas lejanas que llegan a la costa mallorquina, a la arena blanca, a las profundidades de nuestro mar, a los pinos de los bosques de la Tramuntana, a la flor de almendro y al olor a romero.

No sé qué tiene el Mediterráneo, pero creo que lo podría llamar como diría algún turista “Fleir”.

Volver a esos domingos de verano cambiando las sopas por el trampó y el sofá por los vermuts al sol.

Algo tiene este mar, que me atrapa y me paso el invierno pensando en volver a verlo.

 

Ese lugar donde no pasa el tiempo, donde disfrutas de tus amigos y haces otros nuevos.

 

Arena blanca, crema solar y olor a pino..

Donde la familia siempre sonríe, las siestas valen toda una vida, los mercados se montan en la calle y la piel se broncea.

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